lunes, 20 de septiembre de 2010

Se fue



Se fue y nunca supe el por qué
Nunca hubo un adiós
Solo la repentina ráfaga
Que quedó tras su caminar.

Buscando su satisfacción
Encontró la vanal atracción
De lo deseable,
Lo materializable

Palabra nueva y absurda
Que sale de sus labios
Que me inunda
De tristeza y desamor.

Pensó que el fuego de la chimenea
Era por causa mía
Pero erró en su inquietud
Pues ella siempre padeció frío,

Y yo que tengo el talento natural
Para recibir el golpe del martillo
Extiendo mis manos para ser crucificado
Y quedarme de nuevo en el olvido,

Apuntando palabras que no son mías
Pero que presto las dibujo en mi agonía
Queriendo no versar
Pero fluyendo sin faltar.

Quisiera no tener pluma para escribir
Ni conciencia para condenar,
Mucho menos alma para sentir
El desprecio de su partida.

Nunca supe cuándo se fue,
Y aunque sigue a mi lado
Para mi ha partido lejos
Hacia un lugar que jamás conoceré.

Letras melancólicas que brotan del dolor,
de la vena cortada
y la pupila dilatada
que marcan la muerte de mi amor.