lunes, 13 de septiembre de 2010

El día de mi muerte



La vida se esfumó en cada nota,
tras el fúnebre soneto
que teñía de negro
mi corazón apasionado,
fue el frío del invierno
y el pesar de mi lamento
lo que hizo sucumbir
mis letras y canciones de amor;
Mariposas negras
y la noche obscura
son señales del inicio de mi fin
porque la muerte infectó mi razón.

Siento que no soy yo,
que la vida se esfumó en un instante,
cual barco encalla en la arena
inerte, solitario y vacío;
Hojarasca y flor de muerto
son el colchón de mi descanso
y los chacales fieles escuderos
hasta que se enteren que muero,
soy brisa y espuma,
nube de polvo y frío penetrante
es ahora mi alma
a causa de las heridas y el dolor.

Preludio final y soneto sombrío
cicuta en las venas y en el alma cuchillo,
notas fúnebres y sonidos de muerte
en el alma que un día protegió del frío;
no te afanes, que mi tumba no estará vacía
pues me acompañará la muerte y la fría soledad,
el moho y el gusano de carroña
la grata compañía que esperé en mi final.

Dejo en mi tumba la señal de la victoria
que encontré cuando tuve mi derrota,
ya se va el viejo y pequeño
quien permaneció detrás de la puerta
lanzando palabras hacia el viento
para endulzar los días sin sol
y las almas sin sonrisa,
solo verás la sombra de lo que fui
y esucharás al final de cada tarde
el preludio final de mi lamento.
El día de mi muerte no lo esperaré más
porque hoy lo estoy viviendo.