martes, 24 de mayo de 2011

Primer Encuentro (Injerto de Dennys Tovar y Luis de la Alameda)



LDA:
Cual flor silvestre te hallé, en un pequeño rincón del manglar, revestida de verde y un hermoso reflejo púrpura; expectante ante mi llegada, ondeando cada diminuto pétalo que me atraía sutilmente.

DT:
Era la brisa que a tu paso me rozaba la me que me incitaba a seducirte, inventado imagenes en cada gota de rocío que de mis pétalos rodaban.

LDA:
Me acerqué lentamente y contemplé curioso cada parte de ti, que brillaba, centellaba sin cesar y yo, humano y débil quedé atrapado en tu infinita hermosura salvaje.

DT:
Ya más cerca de mí, tus pasos se dibujaron en mi pecho, y al escucharte, tu voz como si fuese una caricia rompió sobre mi rostro reposando como un azul susurro de mar.

LDA:
Y mis dedos se transformaron en espumosas olas que inquietas jugaban en todo el derredor de tu perfumado contorno que no cesaba de temblar.

DT:
Era un temblor tibio, en ese momento el mundo dejó de ser inusitado y el tiempo se detuvo entre tus dedos y mi piel. Y ya no hubo silencios, ni dudas, ni vacíos, ni añoranzas.

LDA:
Solo la sensación de eternidad, de calidez en medio de un silbo helado que me invitaba a aferrame a ti cada vez más, perdido en ti, inundado de tus caricias que no cesaban de envolverme.

DT:
Al igual que yo me aferraba a tu presencia y me abandonaba a tu magia. Sumergida en un éxtasis|me entregué al arrojo de tu aliento, de tus besos

LDA:
Sumergí tus cabellos entre mis dedos, observé el compás de tus ojos en mis pupilas mientras me acercaba lentamente hacia tus labios que ansiosos esperaban danzar al compás de nuestra naturaleza seducida por el sonido de las hojas mecerse sobre nuestros cuerpos desnudos.

DT:
Rendida, me perdí en la promesa de tu mirada, me entregue libre de temores a la posesión infinita de tus cálidos deseos, nos inventamos en cada caricia, en la dulzura de los besos que inundaban el instante.

LDA:
Nos confundíamos entre el suelo, las hojas y el cielo, pues me observabas y el resplandor que había en ti me elevaba cada vez más hacia las alturas de tu piel.

DT:
Estabamos allí y todo parecía tener un solo sentido, amarnos. Lo demás eran sensaciones, sentimientos, deseos, pensamientos que alteraban su pulso. Gestos e imaginación agitándose caprichosos, insensatos ante la realidad, sujetos a la seducción irremediable.

LDA:
Seducción que brotaba de los poros y luego bebíamos el uno del otro sin dudar, apasionados y sin inhibiciones disfrutando lo que el alma suele llamar amor.

DT:
Ninguno de los dos pudo emitir palabras, solo gemidos, sonrisas, miradas complices, nos enganchaban el alma en una fuerza inevitable, convirtiéndonos en insaciables del milagro increíble de la pasión y la ternura.

LDA:
Y acomodados en la hierba vimos desfilar las horas, hablando con los poros, escuchando con la mente y cayó la tarde sobre nosotros en nuestro pequeño jardín del Edén.